Blogia
SIGNAMENTO

Estoicos y mulas

Estoicos y mulas

Fueron muchos los viajeros ingleses que dejaron durante la Ilustración y el romanticismo sus recuerdos de España por escrito: Christopher Hervey, Edward Clarke, Richard Twiss, Henri Swinburne, William Beckord, Joseph Townsend... El americano Washington Irving supo fundir la historia y la leyenda.

A partir de las guerras napoleónicas, los ingleses se interesaron por España, cuando los ejércitos inglés y francés escogieron la península ibérica para dirimir sus diferencias.

Richard Ford (1796-1858) sistematizó la imagen romántica, pintoresca, de España en su Handbook for travellers in Spain and Readers at Home (1847). Británico de clase alta, conservador y protestante, entre 1831 y 1833 recorrió, a veces a lomos de su jaca cordobesa, más de tres mil kilómetros de la piel de toro. Sobre todo, los cuatro reinos de Andalucía: Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada. Por entonces, "las tres provincias vascongadas son llamadas solamente El Señorío, pues el rey de las Españas es sólo señor de esta libre cuna de los invencibles descendientes de los primeros habitantes de la Península".

A España le atribuía entonces diez o doce millones de almas, la inmensa mayoría ignorante, la mayoría malnutrida: "la causa real y permanente de la decadencia de España, de la falta de cultivo y de la tristeza y miseria, es el mal gobierno, civil y religioso, que puede observarse por todas partes".

España es -para Ford- el país de los imprevisto. Ford se dejó a su familia en Sevilla para viajar solo: las jornadas corrientes en España, de trescientas a quinientas millas de una tirada, pocas señoras inglesas podrían resistirlas, atravesando pueblos en los que "hasta hace poco" se desconocía el uso del tenedor.

Describe un mundo atrasado: "En Madrid, incluso después de la muerte de Fernando VII, el Prado, su paseo, estaba lleno de coches antediluvianos, cocheros grotescos y lacayos parejos...".

Ford elogia el admirable estoicismo de los españoles para todo tipo de privaciones, especialmente cuando viajan. Y los pinta muy corteses y acogedores con las señoras y los extranjeros.

Y volviendo al estoicismo, se detiene en el elogio de la mula: "La mula representa en España el mismo papel que el camello en Oriente y tiene en su moral (junto a su acomodamiento al país) algo de común con el carácter de sus dueños: es voluntariosa y terca como ellos, tiene la misma resignación para la carga y sufre con la misma estoicidad el trabajo, la fatiga y las privaciones. La mula se ha usado siempre mucho en España y la demanda de ellas es grande; sin embargo, por un extraño error de la economía política (cosa muy española), se ha querido prohibir hace mucho tiempo la cría de mulas para favorecer la del caballo. Una de las razones que se alegaban era que la mula es un animal que no se reproduce, argumento que se podría o se debía aplicar igualmente al fraile, que es una casta en la que España podía aspirar al primer premio, en cantidad y en corpulencia".

La cocina española le parece a Ford en su mayor parte oriental. Al mejor pan se le llama "candeal", el peor, el "de munición". Las mesetas centrales de España eran entonces la tierra que -según Ford- producía el mejor trigo del mundo.

"El genio culinario español está condensado en la olla", incluso en la "olla podrida" o "pot pourri" en barro... "Sólo se hace bien en Andalucía, y solamente en las casas cuidadosas y bien acomodadas"... "los garbanzos son la legumbre propia del país... introducida por los cartagineses". Desgraciadamente, "la reforma y amortizaciones apagaron el hogar de las cocinas eclesiásticas" donde mejor se comía la olla en grande.

Ford se deshace en elogios del cerdo español: "el cerdo de España ha tenido siempre y tiene un gusto incomparable... el jamón trascendentalmente superlativo"

No deja de ser curioso que proponga la etimología del árabe "tachim" para "tocino"...

0 comentarios