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MÍSTICA Y EMBRIAGUEZ

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Soy más del Cántico que de la Noche oscura el alma. Este bellísimo poema del mudejarillo colosal permite tanto una lectura ecológica como erótica, ambas tan intemporales y legítimas como la mística, que canta la pasión por el centro absoluto de la naturaleza, llamémosle Dios, el Amado, el Esposo o Lo Divino. Una teopatía.

¡El Cántico es una maravilla para aquellos que espiamos el rostro del Amado en los alcores, bosques y montañas, en sus humildes pamplinas o setas, y en la formidable variedad de sus hexápodos! Más todavía por cuanto Domingo Henares ha demostrado que el paisaje y fauna que tenía ante sus ojos Juan de Yepes cuando concibió el Cántico era el de las sierras de Jaén, lomas, alcores, valles y riberas del Santo Reino. 

No obstante, me ha sorprendido el eco que puede tener el concepto de la noche oscura del alma en la literatura actual cuando he visto la portada de las narraciones de Lucia Berlin. Algunos de los más prestigiosos escritores y críticos literarios la ponen en El PAÍS como uno de los mejores libros del 2016. ¡Ya lei Lucia! (sic, sin tilde), su prosa trepidante, nacida en Alaska de madre alcohólica, murió en Los Ángeles en 2004, unía la inteligencia a la belleza, como Hedi Lamarr. Pasó por el infierno de las adicciones y ¡fue discípula en Chile de Ramón J. Sender!, así que dominaba también el español. Del cielo al arroyo, se ganó la vida eventualmente como mujer de la limpieza, de ahí el título de su obra.

Observad el llavero de la carátula del libro de Lucia Berlin: 

EN LA PROFUNDA NOCHE OSCURA DEL ALMA LAS LICORERÍAS Y LOS BARES ESTÁN CERRADOS

Y ello nos lleva a reflexionar sobre cómo los extremos se tocan y la mística colinda con la bohemia y el libertinaje, la embriaguez con el éxtasis. O sobre el valor sagrado de la orgía, la cara de arrebato orgásmico de santa Teresa en la extraordinaria estatua de Bernini, o sobre el nombre de "sacra" que tiene la última vértebra, la más próxima al ojo estrellado que no nombro por decoro y que al parecer tiene forma de mitra arzobispal (la vértebra). Allí donde la espalda pierde su casto nombre.

En fin, de estos asuntos tan delicados y oscuros como apasionantes se ocuparon Bataille, Ciorán de otro modo, y yo, más oculto, en mi tesina sobre Los excesos de la voluntad, don Juan y San Juan, aunque con pedantería e inocencia propia de los veinte años, y de la que tal vez algún día os hable, si os interesa y estamos vivos, quiéralo San Juan...

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