TRÉBOLES ABSTRACTOS DE VIÑALS
Flamencos de cristal
“Camino del absurdo, clama razón la vida”
Dice Guillermo Fernández Rojano que, en el Limbo de tontería que habitamos, de vez en cuando nace un alucinado y dice No: que nuestro espacio natural, la tierra, es infierno, en el que Paraíso es retrete, bar y alcoba, o sea, los servicios comunales de Infierno. Exagera, como todos los poetas, al decir que poesía es fermento de todas las manifestaciones orgánicas e inorgánicas de la flora y la fauna que pueblan el planeta y de las que pueblan a cada uno de los seres que lo habitan; el hombre y la mujer entre otros. Aunque esta opinión tal vez la hubiese podido compartir Juan Larrea, que pensaba la historia, la natural y la artificial, como aventura de Imaginación Poética. Yo creo que hay muchas funciones físicas o químicas que pueden realizarse sin palabras, y que no por eso han de carecer de sentido. Sentidos más perfectos que palabras, sentidos que son como los silencios de los cuartetos de Beethoven.
Cuando traza esas hipérboles, refiere el vate Rojano al libro de José Viñals (quien fuera su amigo): Animales, amores, parajes y blasfemias, seguido de Cielo (Germania, Alzira 2000), en cuya introducción nos habla de ese Tú que Viñals convierte en letanía y de esa inmensa vagina de espesura lingüística donde el poeta invita al placer erótico y a cierto desmadre, obsequiándonos con ligeras mostraciones escatológicas (“cada uno su mierda y su infinito”), las que cabía esperar de quien sólo se tiene por cuerpo y corazón, aunque mencione "alma", más raramente espíritu. Ríe Viñals con mueca fugitiva la escasez de sentido, pero aún se conmueve con la cruzada de los niños contada por Marcel Schwob, que convirtió el episodio y mito medieval de 1212, “el cortejo de los niños descalzos”, en una de las obras cumbres del simbolismo francés (La Croisade des enfants, 1896)… Los niños “hablan de noche con los ángeles”. (Nos detendremos en decir que Jorge Luis Borges —declarado admirador de Schwob— citó a Schwob como modelo supremo de síntesis narrativa. Literato superior).
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José Sebastián Viñals Correas nació en Argentina en 1930 y ha residido en España desde 1970. Vivió en Torredonjimeno (Jaén) y entregó su alma en Málaga, en noviembre del 2009. No hubo género literario que su fértil facundia argentina no cultivase. Fue hijo de emigrantes, de padre barcelonés del que heredó mayúscula de nombre propio, José, y madre extremeña, Laureana Correas, nacida en Losar de la Vera (Cáceres). Casó con la artista del tapiz Martha Beatriz Guzmán a la que dedicó gran parte de su obra poética y valióle de musa constante en su producción:“En el tapiz del unicornio es diurna la hora, incomprensiblemente”.
Es relevante saber que Viñals Creció en un entorno humilde y rural, lo que impregnó profundamente su imaginario mítico, telúrico y torrencial con los términos y labores del campo. Vinculado a la postvanguardia, entre 1970 y 1972 residió en Bogotá (Colombia), donde dirigió revistas y suplementos culturales, más tarde su vinculación con la geografía andaluza y sus círculos poéticos fue especialmente entrañable e intensa. A lo largo de su carrera recibió importantes reconocimientos literarios: entre ellos, el Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma por su obra Milagro a milagro (2000) y el Premio Nacional de Poesía Villafranca del Bierzo en el mismo año por su poemario Transatlántico / Transversales.
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En los “Celos” del argentino reespañolizado aparece hasta “el puñal de Casiano”. (Fue Manuel Casiano Fernández célebre orfebre y joyero que elaboró preseas y puñales procesionales para imágenes marianas). Como los puñales que simbolizan los siete dolores de una Madre, siete son también las emociones que entusiasman a las vírgenes de Viñals. Sus dioses son más paganos que cristianos… Su fauno tiene pezuñas azules, dientes de plata y un fueguecillo fatuo en la garganta. Ama sin tregua. Escribe Viñals que de la preñez de Fauno nacen poetas menores sin dioses, o con “dioses de perfil podrido”, díscolos de lengua, que se arraciman en sombras con malsanas e incestuosas tendencias a copular con madres. Únicamente rinden tributo y devoción venérea a la hembra amada: “En Tu nombre, como creyente de Tu nombre sin tretas, Novia perfecta, inacabable, me pongo de rodillas”.
El irracionalismo, tal vez sea una maldición, no afloja desde los simbolistas… Clama razón la vida, pero la misma razón…
“tiene términos, fronteras razonables; la sinrazón, el sueño de las contradicciones y la vaga esperanza de la sintaxis y el descubrimiento… No lo penséis ya más, una y otra son una, tristes, complementarias. O, si queréis, pensadlo: da lo mismo. Por el camino de la razón también se llega a la locura. A la locura, digo, cuyos supremos sacerdotes meten la nariz en el dedo, y en el sembrado flotante de nenúfares hocican con el culo. Flor a la flor, aroma a la fragancia, ornamento al hedor, mierda a la vida”.
Nada más lejos de la cursilería que la prosa poética de Viñals…
“Tu labio negro. Tus ojeras moradas… Tu pelo de ala de parduzco murciélago. Tus tetas blancas con venillas azules. El almidón gastado de la bata, la descalcez del pie…”
Se puede decir que el autor milita contra la cursilería:
“Luego vendrá la primavera con su carita de muñeca de porcelana edulcorada, y con ojuelos de cristal redondo tratará de mirarme de hito en hito. Pero yo le diré: Señora mía, dije que no había tiempo, y no había tiempo. Haga el favor, ahueque, me repugnan las flores”.
Hace pausas breves para “peer contra la noche”, aunque exalte a la amada atribuyéndole las propiedades de la célebre Colombina de la Commedia dell’Arte, participándole sus “celos de idiota”, de Arlequín veneciano “negro para la muerte, blanco para el delirio y el ignoto placer de las conversaciones delicadas”. Es Colombina palomita ingeniosa, realista, sirvienta astuta, aguda, pragmática, independiente, a la que nuestro poeta confunde con un modelo de Modigliani, con “carnaciones de nácares dulcísimos”. Al final la figura cómica es mera máscara.
CIELOS TELÚRICOS
El Cielo del poeta es el de un hombre irreligioso que busca en las alturas lo que en ellas no halla, y se conforma con hociquear el lucero celestial que su amiga luce en la frente, “tonto de cielo, engullido por el azul y acaso por el mar”, menos mal que…
“uno es carne de cielo, si se quiere. Carne de cielo…, insecto luminoso, de ida macho, de regreso hembra, temblador, abusivo, silbador, de intestino largo sin circunvoluciones, llorón, bestial, mancha oscura en el sexo, fulgor en la cabeza”.
Una antropología de menestoridad para un ateísmo blasfemo, que no le impide jurar, es decir poner a Dios por testigo, por la sagrada boca de sus nietos, mientras recuerda la hermosura terrible y los ángeles de la Elegía de Rilke. Pero la elevación del poeta hispano siempre acaba en anticlímax:
“Carne de cielo, papilla alimentaria de alimañas celestes. Pero ¿qué cielo? Extensión funeraria, caldo para los júbilos, espacio romo para un coito de perros”.
Son “Deyecciones” de una soteriología desesperada…
“Seremos los Intactos, los insignificantes fragmentos de boñiga de la vaca celeste, la que da leche eterna de sus ubres de palo. Hijastros de la vaca yo y el cielo”…
No se hace ilusiones, el pobre, acerca de su destino, humano demasiado humano. Se describe como “un golondrino supurante en la axila de dios, un pedo entre los astros”… Cree Viñals que dios es plano o “treta de los labios”. Llama Cielo a lo que otros llaman memoria y otros alma, y otros vínculo con dios, y otros asiento de los astros, y otros espacio para el pájaro y sus circunvoluciones y sus caprichos y sus vértigos. Y lo peor de la Memoria es que acaba siendo olvido.
Y por eso, seguramente, pide auxilio, que le echen una mano...
“para salir de esta inmundicia, de esta hermosa cloaca, de esta exquisita fetidez humana”… “¡Cuán hermoso es el mundo! ¡Qué fea la garganta de las necesidades! Dame tu miel escuálida, tu leche diminuta”.
Se entrega a veces Viñals, como Pérez Estrada, a la venganza, mediante la crueldad poética: las atontadas mariposas del otoño,
“la verdosa oruga ciega de la vid ¿a qué aparece con su cara boba? ¿Qué busca en el conjunto tibio de mis libros?”… “Hay tantos bichos exagerados…”.
Y se asimila a un gallo de corral con los instintos agotados: “Ya ni siquiera canto al sol, que era mi rito matutino”.
El libro que aquí voy terminando de comentar contiene una serie dedicada a distintas ciudades: La Habana, Granada, Barcelona, Bogotá, Lisboa, Buenos Aires… Y Madrid, una estampa que facilita en uno de sus párrafos la salivación del lector:
“En el cristal ultramarino están Madrid y un jamón de Jabugo, Madrid y pimentón dulce o picante, Madrid y bacalao, Madrid y bota de vino de otras tierras, y Madrid y mi casa, Madrid y el cielo, Madrid y la fragancia, y el Madrid ciego de los albañales junto a la tan panzuda vasija de la miel de romero, o el lomo en orza, o la solemne nuez moscada.”
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Futuros inciertos
Tampoco muestra Viñals fe en el futuro…
“Si es que hay futuro, si no se trata de meras invenciones o coartadas, sea para matar o bien para estar muerto”.
Enfréntate con su poesía, lector atento, si te van las delicias de lo indirecto, las visiones invertidas, los reflejos…, de quien se rompe la crisma contra el mundo, pero al fin se muere “en las complejas iluminaciones del cielo y la belleza”...
Esta será la ruta:
“Camino de ti donde todo termina, donde todo comienza. Camino de la planta de tus pies donde se inicia mi jardín civilizado. Camino de tu paciencia donde tengo yo mi urdimbre y mi cadena. Camino de tu cielo donde desaparezco como un obús celeste, mitad luz, mitad ebriedad lenta de intemperie y de luna, de fulgor y bactracio”.
A él, como a nosotros, el gardellino, jilguero veneciano de Vivaldi, aun nos contamina con sus absurdas ganas de estar vivos, cantando para un presente que será siempre futuro.
Reconoce que ceniza sobre papel son sus poemas, sin costuras (inconsútiles), polvillo gris en cada libro suyo, mas polvo enamorado, que brilla endemoniado, polvo de conversaciones viejas más la certeza melancólica del olvido.
Su estandarte es un caballo violeta con las crines doradas.
Nota
El curioso lector puede leer en este mismo blog nuestro comentario critico sobre el excelente libro de cuentos de José Viñals Miel de avispa:
https://signamemento.blogia.com/2026/062201-mieles-de-avispa.php
ILustración: máscara veneciana de Colombina
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