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Una novela de Iris Murdoch

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Julius King es el protagonista de la novela de Iris Murdoch: Una derrota bastante honrosa (A fairly honourable defeat, 1970). El relato sólo deviene histórico por el hecho de que sus burgueses ingleses usan el teléfono fijo y se escriben largas cartas en papel. No sé si los ingleses siguen bebiendo té, jerez, güisqui y ginebra en tan grandes dosis. La presión de la inmigración ya forma parte del fondo del escenario de la obra.

A pesar de la vocación filosófica de la autora, el relato no contiene largas reflexiones sobre el bien, el amor y la belleza (temas centrales de toda su obra), sino más bien una puesta a prueba vívida del poder limitado del bien y del amor en las relaciones humanas. Igual que La Soga de Hitchcock es una impecable refutación del vitalismo esteticista de Nietzsche que no declara muy expresamente la teoría sino más bien sus terribles y funestas consecuencias prácticas, la novela de Murdoch refuta la vía erótica hacia la idea del bien propuesta por Platón en el Banquete o, por lo menos, muestra su contingencia y falibilidad.

Novela de tesis, tal vez, aunque esta no se exponga de forma declarativa, sino que más bien el lector tenga que deducirla de la acción contada. En la que por otra parte se cruzan personajes diversos que sostienen puntos de vista contradictorios sobre la realidad que sienten y piensan. Se nota que Iris Murdoch, licenciada en Lenguas Clásicas, tenía una formación clásica oxoniense. Aunque sólo una vez se cita a Platón, una a Wittgenstein y otra a Frege, la autora cursó estudios de filosofía en Cambridge, donde tuvo por maestro a Wittgenstein y publicó el primer ensayo en inglés sobre Sartre. Además de un montón de novelas, escribió también poemarios y piezas teatrales. Hay bastante de teatral en la novela que comentamos, de oscura comedia de enredos y errores. Los capítulos quedan definidos como escenarios domésticos de los que entran y salen personajes que interactúan en ausencia y con un limitado conocimiento unos de otros.

 Se cumplen ahora cien años del nacimiento de Iris Murdoch. Ramón Luque ha publicado un ensayo sobre la escritora y en la red se puede encontrar un cómo se ha hecho (making of) de su trabajo como aproximación literaria y cinematográfica al mundo de Iris Murdoch. Ensayo sobre la intensidad (Letra Capital, marzo 2019). Copio aquí palabras de su presentación porque pueden aplicarse a Una derrota bastante honrosa:

 “La escritura de Murdoch fue intensa, con momentos emocionantes, personajes salvajes que amas u odias, tramas que no te dejan respiro... Literatura entretenida y divertida pero ojo, nada comercial, más bien culta, exigente pero amable, intelectual pero con corazón”.

 Julius King, su protagonista, es un elegante judío (Kahn fue su apellido genuino), un tipo “escurridizo” que consiguió escapar del exterminio nazi, rico y culto, recuerda el don Juan de Torrente Ballester, un intelectual esteticista y “cínico” (en el sentido moderno de que se acomoda perfectamente a unas convenciones de las que descree), un donjuanesco bon vivant que juega mefistofélicamente con el resto de los personajes como si fueran marionetas hasta que se aburre, todo ello gracias a su poder de seducción con el que normalmente acierta disparando hacia el talón de Aquiles de la vanidad y la extraordinaria capacidad humana para el autoengaño. Más limitado es el poder de su correlato femenino, la apasionada, atractriva soberbia e inestable Morgan Browne. King es “diabólico” en el sentido etimológico de la palabra, es capaz de mostrarse encantador para deshacer el status quo en el que viven su bienestar los demás. Da igual si son parejas homosexuales que matrimonios convencionales y consistentes.

 La novela no es feminista, pero tal vez cabría decir que es muy femenino su penetrante análisis de los estados emocionales, si estamos dispuestos a reconocer la superioridad femenina para la captación de los matices sentimentales, tanto de las relaciones heterosexuales como de las homosexuales. En cualquier caso, es exquisita la perspicacia con que muestra el hecho y las consecuencias de la dependencia emocional entre personas, tanto con vivientes reales como con fantasmas imaginarios de seres queridos, ya difuntos. Magistral, respecto a la descripción de la “telepatía del silencio” que caracteriza a un matrimonio bien avenido, o respecto al retrato de la relación de una mujer con su bolso…

 Singular es el personaje de Leonard Browne, un proletario que contrasta su estatus con el del resto de los personajes, que se está muriendo de cáncer de cadera. Leonard habla contra el sistema desde una vitalidad ofendida por las circunstancias. Le gusta alimentar a las palomas y polemizar sarcásticamente con su hijo, que le cuida y al que maltrata.

 Diálogos rápidos, trepidantes se combinan armoniosamente con la reflexión y el fino dibujo de los estados de ánimo de los personajes para poner de manifiesto tanto la necesidad que tenemos de formar lazos sentimentales como su fragilidad. El personaje más fuerte, el triunfador, el “rey” (King), acaba siendo el hedonista mefistofélico que sólo juega con los demás porque sabe y puede vivir solo.

Quien se basta a sí mismo, quien cuenta con suficientes recursos económicos y atractivos personales, y no necesita del reconocimiento de los demás, ése gana la partida, pero ¿quién se basta a sí mismo?

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