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AUTOESTOP GALÁCTICO

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Douglas Adams imagina un planeta de inteligencias superavanzadas y especializadas en la construcción de planetas artificiales. Construyen un megaordenador, una superinteligencia del tamaño de una ciudad y capaz de calcular el número de átomos de una galaxia. Y le preguntan cuál es el sentido de la vida.

El maquinón dice que es un problema difícil, para resolverlo necesita cinco mil millones de años. Para resolverlo la computadora diseña una máquina orgánica más poderosa que ella misma: el planeta Tierra. Pero cuando la Tierra estaba punto de resolver el problema del sentido de la vida, los vogones la destruyen para construir una autopista galáctica. No hay lugar para las protestas. El proyecto habíase publicado en el Boletín Oficial de la Galaxia y el plazo de alegaciones y recursos contra la construcción de la Autovía había prescrito.

El autor de esta fábula incluye a un presidente de la galaxia cuya única misión es ofrecer espectáculo, o sea distraer la atención del público de los verdaderos poderes. Nada que no estemos viendo ya.  Otro de sus personajes es un robot maníaco depresivo.

En la historia reciente de la literatura Douglas Adams pasa por ateo redomado, en su Guía del Autoestopista Galáctico parece apostar seriamente por la superioridad de la inteligencia del ratón y del delfín respecto de la humana.

Sus diálogos rozan lo surreal. Una sátira y una humorada fantástica e inverosímil bajo el disfraz de la ficción científica.

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