MIELES DE AVISPA
Los cuentos de José Viñals contenidos en Miel de avispa gustarán y hasta emocionarán fácilmente a quienes se hayan criado en aldea, pueblo, ciudades pequeñitas que devienen pronto campo, esas comunidades en las que todo el mundo conoce a todo el mundo. Tiene el español-argentino de Viñals, además, el encanto de un deje indiano o criollo, pero no abusa de localismos y es maestro del diálogo.
Sus personajes son entrañables, gentes sencillas que confiesan con gracia su quereres y fobias, sus manías y ensueños. Se contradicen como todos nosotros y se expresan en hipérboles poéticas. Hablando de poderes adivinatorios, oraculares y sibilinos...
“las mujeres sueñan hasta que las desvirgan, después ya no sueñan más. No se sabe de ninguna mujer que siga soñando después de desvirgada. Bah, sueñan otra clase de sueños, no de esos que se cumplen”.
Algunos de estos personajes pueblerinos son “gente muy sin pensamiento”, pero de sentires sutiles y almas grandes. En los cuentos de Viñals hay palomas con nombre propio: Severina, que es la paloma más vieja que puede haber en el mundo si exceptuamos la del Espíritu Santo, que es eterna, objeto puro, que diría Meinong. Las palomas han hallado fácil acomodo en los medios urbanos, su extrema abundancia puede convertirse en problema sanitario y plaga, y es porque faltan depredadores con plumas en pueblos y ciudades, o porque no habitan aquí comadrejas degolladoras, rapaces o córvidos que saqueen sus nidos o devoren sus huevos. La vida sana pide equilibrio, que no sobre una especie a expensas de otras.
En el mundo donde se ingiere eventualmente "miel de avispa" (sustancia que vuelve loca a la gente), quedan todavía caballos de tiro y carros ligeros llamados sulky. El hombre llano también filosofa:
“Las creencias y la maldad son iguales de grandes. ¿Y sabe por qué? Por la gran desocupación que hay y los pensamientos que se tiene cuando no se tiene trabajo”.
Ya lo dijo Séneca Cordobés: el ocio sin las letras es ruina del alma… “Es mucha la maldad, grande y ociosa es y es enseñada con todos la maldad" –dice Ismael Acebedo, al que la malicia popular acusa en falso testimonio de tratar con la perra… Y es que el humano solo no puede ser porque se vuelve rabioso o demente por la soledad. A Ismael le gusta cansarse bien antes de irse a dormir, “para no tener imaginaciones ni creencias”.
En un pueblo en el que todo el mundo echa la siesta quedan al menos tres sujetos en alerta, conciencias tabernarias, vigilantes y discutidoras porque...
“si en un pueblo no hay, aunque más no sea, tres personas que se ocupen de filosofía, cualquier pueblo, por rico que sea, se va a la ruina”.
En todos sitios hay gente pa’tó, gente rara y, aún en los pueblos, hay jovencitas capaces de cortarse la uñas de los pies con los dientes. Esto lo ha visto Celso Palau con un prismático que se compró para espiar a sus potenciales novias y sorprender sus defectos. No suelta el prismático y merodea en todos sitios con él.
Hay también, y esto parece imposible, quien nació rubio y blanco y muy alabado y admirado por ello, hasta que un día se hizo tumulto de mujeres visitadoras, que de tanto querer alzar al nene de ojos azul cielo y cabellos dorados se confundieron y lo cambiaron por otro y por eso ahora es negro. El sujeto en cuestión, transmutado racialmente, lo acepta bien porque
“el hombre rubio es más delicado para el frío y se enferma más fácil y hay que cuidarlo más y es menos sufrido para el hambre".
También hay santos para rubios y santos para negros: Santa Eulogia y San Benito son santos de negros; Santa Magdalena y San Enrique, de rubios…
“Y la única ventaja es que el principal, o sea, San Jesús, es más para negros que para rubios”.
Reconoce el sujeto que de no haber sido cambiado cuando chico, hubiese llorado mucho más, porque “tiene velocidad de sentimientos, como gato”.
En los pueblos hay quien se hace famoso por sus sonrisas, con veinte tipos de sonrisas diferentes, contadas. Es el caso de Miguel Almonacid, que era también negro serio, pero de siempre, aunque con ojos glaucos; y quien, por ser ensimismado como veneno e insinuante como víbora, se entrenaba en pensar para tener cada día mejores ideas y más felices. O ese era otro que Miguel; ya no me acuerdo.
El mundo de este Viñals es el de las "chacras" argentinas, granjas que nada tienen que ver con esos supuestos centros de energía vital que son las "chakras" orientales. Este “chacra” americana procede del quechua, con el significado de tierra cultivada. Es cierto que en el mundo rural los olores son energías y no se reprimen tanto como en las urbes superpobladas, donde pueden asquear fácil de tanto aprieto en tranvía o metro. El joven declara sentir el aroma natural de mujer en flor como el mejor de todos los olores conocidos, e inventa, excitado por tales feromonas, un piropo refinadísimo, al donaire de la bella que le guiña un ojo:
“—Eh, Piba –le suelta—, no me apagues el farol que no tengo buena luz para leer”.
Personajes extravagantes que declaran pasado del autor, en que tal vez concibió obras de teatro en que a la Virgen de Fátima no le sale el milagro y lo ensaya y lo ensaya y al final se tiene que ir a trabajar a un cabaré. Cuando republicó estos relatos de Miel de avispa, José Viñals, que cuenta con doble nacionalidad hispano-argentina, vivía en Torredonjimeno (Jaén), pero la primera edición de Miel de avispa había sucedido en 1982. En el 2000 obtuvo Viñals el Premio Jaime Gil de Biedma por su poemario Transmutaciones.
También resulta poético referir a esa gente que se ama tratándose de usté, como en siglos pasados, respetuosamente de usté se enamoriscan sin que importe la diferencia de edades. Guardan distancias y así la confianza da meno asco, de usté, a pesar de la intensidad con que sus cuerpos buscan fusión de almas, como se figura y representa en el baile cuerpo a cuerpo:
“En verdad era un gusto de alegría verlos revoleando las patas a toda furia, él con uniforme de la banda, ella con vestido de seda estampada color morado, que se los llevaban la música y el viento”.
No importó la diferencia de edad (ella mucho mayor), que llamaba curiosidad morbosa de la canalla y alentaba comentarios malévolos, porque “la gente opina por opinar; de misterios de amor o de sufrimiento no sabe nada”. Hablando de bailes: se elogia el fostro, “mejor que el tango, que la milonga, que la ranchera, que el pasodoble, que la zamba”.
Raro y sobresaliente es también el caso del viejo Adolfo que se resistía a morir mientras no viese nevar por cuarta vez en el pueblo. Adolfo fue hombre de ideas que llevaba a hechos. Fue famosa la invención de su Máquina de Gorjear, que quiso regalar al pueblo pero que acabó vendiendo a un circo para comprarse un sombrero de lujo que le hacía ojo.
Pero emociona sobre todo el relato de “Santita”, pues refiere a una virgen menesterosa y perspicaz que cura en el pueblo de palabra y obra, aunque sin hacer milagros. Nació tarde de madre cincuentona, abandonadas hija y madre por el padre de Santita, la cual muy despierta escribe autodidacta a pluma: papelitos de liar cigarros que el enfermado debe armar sin leer y fumar en familia para sanar, quemando con los papelitos barba de choclo (de mazorca), hojas de saúco y semillas molidas de amapolas que es mezcla inocente de espíritu liviano. Santita, la jovencísima sanadora…
“es protegida de su Virgen y camina de bien en bien, solitaria de cielo, y es consagrada de respeto y nunca llora de penuria ni de compadecimiento ni de ninguna tristeza porque su corazón es transparente y no ácido ni dolorido y no tiene pasión de moneda ni de intendencia y así ni se pinta ni se embadurna ni se envanece y es clara.”
Santita socorre al pueblo, gratuita como tormenta, como sol, curando y diciendo la buenaventura de los sucesos y el saber y los trabajos. Se mueve descalza para sentir la tierra y por debajo de ella presiente el bullir de aguas en flujo seguro y constante, por las que circulan y transcurren grandes peces, río adentro que es lo mismo que una corriente de coraje, la que en el pueblo falta.
Viñals añade a cada cuento un breve acápite, en uno de ellos explica, hacia el final, cómo en el cementerio de Corralito, el pueblo, está enterrado su padre, español, panadero y anarquista, que lo dejó huérfano a los tres años, y del que sabe que leía libros, cantaba bien, tocaba la guitarra y jugaba ajedrez.
(Ilustración. Foto de José Biedma López. Delta unguiculata en yedra, La Esperilla, 28 de agosto 2009).
0 comentarios