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UN MUNDO PARA JULIUS

UN MUNDO PARA JULIUS

Tras su reciente fallecimiento, he querido rendir homenaje al escritor peruano y cosmopolita Alfredo Bryce Echenique leyendo su novela Un mundo para Julius. He aquí un breve comentario.

¿Puede alguien descubrir la absoluta frivolidad de los muy ricos sin juzgarla? ¿Es posible mirar con inocencia el descuido interesado y egoísta de los millonarios? ¿Aceptar extremas desigualdades sin indignación? Mire usted, durante siglos se aceptó la esclavitud como una condición natural, se supuso la condición semianimal de ciertas razas... La conciencia moral tiene su historia.

Y ya se sabe que el siervo acaba adoptando la mentalidad de su señor. Servir las costumbres de la oligarquía peruana, limeña, de los años sesenta del siglo pasado como espectáculo magnífico, irónico, tierno y humorístico a la vez, es lo que hizo Alfredo Bryce Echenique en su monumental Un mundo para Julius que fue su primera novela, publicada en 1970.

Hoy se antoja una obra delicada y graciosamente incorrecta desde una perspectiva política, es decir, de izquierdas, perspectiva del poder público por excelencia por mucho que su "relato" se deshaga cada vez más como una máscara hipócrita, precisamente "incorrecta políticamente" porque en esta novela no se habla para nada de política, aunque eso sí, se describe toda una economía del poder social, micropolítica en sentido foucaultiano, la dialéctica cotidiana del poder y del deseo en un espejo formidable e implacable.

La perspectiva dominante o directa es la del del niño Julius, huérfano prematuro de padre y abandonado por la madre, infante que se acoge a los de abajo buscando en ellos la ternura y el cariño que no le brindan los de arriba, los que manejan coches caros, visten fino y mueven dinero, disfrutan pero no aman. Una cándida aceptación del mundo tal y como es, tal y como se lo encuentra un niño con orejotas como alfajores-voladores, acogido por el servicio bien pagado pero que a nadie importa es lo que ofrece este novelón.

La reina más hermosa de la frivolidad con clase y distinción es Susan, su  madre, nieta de ingleses, educada en Londres, incapaz de amar del todo, exquisita hedonista seleccionadora de lujos y de obras de arte, dócil al imperio de su segundo marido, un dandi prepontente y divertido, exponentes arquetípicos y modélicos ambos de la oligarquía limeña más snob y occidentalizada. Dicen que Bryce Echenique se sirvió de una tía suya para inventar el atractivo personaje de Susan, la que ejerce como seductora oficial en los salones limeños.

Los sirvientes encarnan el mundo andino, indígena y mestizo, cuya cuna está allí, al fondo, en las nieblas y penurias de las sierras, migrantes de los años cincuenta y sesenta. Es el mundo de abajo, el que labora y sirve. Estos no usan anglicismos ni términos afrancesados, sino un español influido por el quechua que los de arriba contemplan con displicencia. Pero la oposición entre los de arriba y los de abajo no es un conflicto como en las novelas de José María Arguedas (recuerdo la formidable El Zorro de arriba y zorro de abajo, 1971), sino un sistema de dominación y dependencia sutil y paternalista.

Julius se refugia en los barrios bajos de la servidumbre buscando allí el afecto que su clase le niega. Hay personajes intermedios como el mayordomo Carlos, ya “acriollado” porque sabe como moverse en Lima y mira a los recién llegados por encima del hombro. Vilma es la hermosa chola, principal fuente de calor humano para el niño Julius, mientras su madre, ausente, divina con ese mechón que le cae sobre la cara como un signo de suprema elegancia europea, brilla en los cócteles de la alta sociedad limeña. Vilma, la guapa y jovencísima chola, es quien le escucha y protege en las soledades del inmenso palacio. Vilma es también el símbolo del alma bella, la chica acosada sexualmente por el hermano mayor de Julius. En lugar de castigar al acosador, la familia despacha a Vilma, dejando con ello a Julius desamparado como daño colateral.

Al final de la novela, Julius descubre el trágico destino de su antigua nana, pues Vilma, tras ser despedida, quedó embarazada y perdió a su bebé… Es el fin de la inocencia, una violenta expulsión del mundo idealizado de la niñez tras el contacto brutal con las injusticias del mundo.

La oralidad trepidante del estilo de Bryce Echenique, su admirable sentido del humor y generoso dominio de la lengua le han señalado como el mejor cronista de la vida peruana de los sesenta y, si no el mejor, uno de los mejores exponentes del neorrealismo urbano literario hispanoamericano. Me reservo la oportunidad de redescubrirlo como excelente cuentista.

En 2021, la joven directora y escritora limeña Rossana Díaz Costa presentó una película sobre el guión de la novela de Alfredo Bryce Echenique.

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