Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2020.

MUNDOCHENTA

20200508112332-octogesimos.jpg

Por segunda vez me ha sorprendido y entretenido Jesús Zamora Bonilla con su arte novelístico. Digo por segunda vez, aunque el autor ya ha escrito tres novelas y otros tantos ensayos. La primera, Regalo de Reyes, mereció una crítica en Signamento. He leído la primera y la tercera de sus fábulas: Nosotros, los octogésimos (Amazon, 2020).

Doctor en Filosofía y Ciencias económicas, Decano de la Facultad de filosofía de la UNED, epistemólogo de profesión, sobresaliente tuitero y bloguista, con sus novelas Errar es de ángeles (2018) y Nosotros, los octogésimos, Jesús Zamora Bonilla (Madrid, 1963) culmina una trilogía en la que dice haber parodiado con humor y amabilidad la religión como obstáculo para el desarrollo científico y el conocimiento histórico.

No obstante, en Nosotros los octogésimos, objeto de esta crítica, no le queda más remedio al autor que reconocer que bajo la fantasía del mito siempre se esconde, a la vez que se conserva, alguna verdad fundamental relativa a los orígenes y las intenciones fundacionales de una cultura, así como al bien y al mal, que tan mezclados andan en la selva de lo natural. En este caso, el misterio se oculta en la genética de las bacterias intestinales de los octogésimos, presentes en las sacrosantas heces de los habitantes de Mundochenta, un planeta habitable en la galaxia enana del Boyero.

Sin embargo, dudo que la parodia de la religión, que tan hábilmente y con tan económicos recursos levanta Zamora Bonilla en esta novela, le resulte amable a un espíritu auténticamente religioso. La escatología de la todopoderosa Iglesia de Mundochenta no es precisamente la del final de los tiempos de san Juan, ni la de la apocatástasis de Orígenes ni la de la Ciudad de Dios de san Agustín, y resulta, por decirlo suavemente, mucho menos celeste y más olorosa. Eso sí, la jerarquía de Mundochenta dispone de una autoridad y poder político y terrenal parangonables al que ostentaban nuestros papas al final de la Edad Media y principios de la Moderna, en disputa y articulación con el poder del Imperio, dificultando el desarrollo del conocimiento científico a base de escrúpulos fideístas y fanatismos dogmáticos, lo cual no hace nada de gracia a sus protagonistas: un erudito antropólogo con conexiones revolucionarias y su afectísima e inteligente hija bióloga.

Mejor que por el humor, envidio al novelista por la extraordinaria habilidad y sencillez con que urde tramas y personajes. En Nosotros, los octogésimos, mezcla con una soltura notable la especulación científica, a la que soy tan adicto (en su muy actual directorio de ingeniería genética), con la trama de una novela policíaca a raíz del supuesto suicidio de una jovencita, hija díscola de los malvados optimates de Mundochenta. El autor sabe dosificar la información en un ágil ir y volver por la línea temporal suministrando al lector la información suficiente para mantener en suspense su atención.

La novela también debe su excelencia a lo que no hace, abusar del verde del sexo o del rojo de la sangre, o del maniqueísmo, aun usando de héroes y villanos. Emplea el novelista un lenguaje culto pero sencillo, sobrio, sin aventuras deconstructivas ni pretensión de originalidad estilística, lo que hace su obra fácil y amena; desde el principio al fin la narración discurre serena como río en el cauce amplio de su valle.

Hay que agradecer la urgencia con que Zamora Bonilla la ha rematado para ofrecerla generosamente y gratis en digital durante el confinamiento por pandemia, pero, precisamente por su calidad, hubiera merecido y todavía merece un repaso cuidadoso que permita a su autor salvaguardarla de la maldición multiplicadora del impreso, es decir, de algunos lapsos remediables que en nada ofenden su correcta ortografía, pero que capto sin remedio, seguro que por prurito crónico de antiguo profe de Lengua. ¡Cuidado! Promete continuación.

Etiquetas: , ,

08/05/2020 11:23 José Biedma López Enlace permanente. Literatura No hay comentarios. Comentar.

ALGUIÉN HABLÓ DE NOSOTROS

20200508194451-vallejo2.jpg

Moralizar con gracia y sin acritud no es fácil. Irene Vallejo lo consigue en su excelente colección de ensayitos Alguien habló de nosotros (Contraseña, Zaragoza 2017). Esta jovencísima escritora (Zaragoza, 1979), doctora en filología clásica, logra un discurso culto y edificante, bienhumorado y preciso, exento de pedantería. Profesa la "Filología" en el sentido más noble y romántico del término, como un humanismo intemporal pero bien nutrido de pensares, historias y lenguas, mostrando cómo nuestros miedos y esperanzas relucen en el uso que damos a ciertas palabras o en el modo en que ellas han vivido y evolucionado para servir a nuestro afán desesperado de comunicación.

Bien cimentada por la cultura clásica eleva a sus sabios, sus mitos, sus héroes trágicos y sus anécdotas, a la categoría de ejemplos éticos, útiles guías para una vida digna, libre, sana y jovial, actualizándolos, devolviéndoles la palabra porque “hablan de nosotros”, murmuran el tesoro de sus experiencias a nuestro atribulado y distraído magín, como presencias reales que nos devuelven el sentido de la vida civilizada y de su bien común.

Si yo todavía ejerciera como profe de filosofía, creo que emplearía con provecho este librito, mucho más denso y profundo de lo que aparenta en una ligera lectura, como valiosa Introducción a la filosofía perenne o como un manual óptimo para la Educación de la ciudadanía, porque enseña deleitando y dando qué pensar, para usar la razón en conversación amistosa, en lugar –como ella misma dice- de empeñarnos en poseerla, polemizando, quejándonos o armando bronca.

Sin caer en el extremo conceptista de su paisano Gracián, la prosa de Irene es de una sobriedad y economía  admirables, muy propia de la mejor tradición gnómica, pues aúna claridad expresiva y profundidad conceptual. Orilla a veces la prosa poética y sin caer en el ripio ofrece curiosas aliteraciones como colofón de cada articulillo y panacea para la memoria, o como ingeniosos juegos de palabras y sabrosas sinopsis:

“Nos toca elegir entre solidaridad o soledad”, “fastos nefastos”, “la comida alimenta la comedia”, “el dulce señuelo de los sueños”, “la mirada se posa y por fin reposa”, “nunca deberíamos confundir amar con amarrar”, “Amor: ciencia de la inocencia”, “las palabras son valiosas si son valerosas”, “nada hay mudo en el mundo”. Orfeo perdió a Euridice en los infiernos porque el amante “miró atrás”, Eróstrato  buscó “la fama por el camino de la infamia”. Caudales, que quiso presumir de mujer exhibiéndola desnuda, “perdió el poder por no tener pudor”. Y, recordando el nudo gordiano que Alejandro cortó con su espada, se afirma con rotundidad: “Dar un tajo puede ser un atajo”.

No desdeña ni la duda metódica ni el preguntar socrático ni las estimulantes paradojas que tanto gustaban a los estoicos, como esta en que oigo ecos de Cernuda: “Nunca somos más libres que cuando decidimos a quien nos encadenamos”, y eso en constante actitud asertiva: “Si vemos sombras es porque alguna luz brilla cerca”. “Todos somos únicos, y eso es precisamente lo que tenemos en común”.

La conexión con el mundo antiguo, o bíblico, y el acervo de su sabiduría proverbial está humorística e irónicamente garantizada, a fin de cuentas, y hasta que llegue el transhumano, el Superhombre o la Supermujer, la naturaleza humana conservará sus constantes emocionales y sus principales desvaríos desde la cromañona que nos parió. ¡Ojo!, que también “en la antigua Grecia las competencias divinas estaban muy bien transferidas”.

La crítica al abigarrado mundo tecnológico de la Aldea global se mantiene equilibrada entre la integración y el apocalipsis, ese mundo de las redes, de prisas, ruidos y consumo compulsivo que parece favorecer todo lo privado, menos la vida privada. Ni desdeña Irene Vallejo la definición del "populismo" reconocimiento sus orígenes romanos, o defender la fragilidad de la democracia, o examinar el “efecto google” de relajación memorística, pues recordamos mejor dónde encontrar un dato que el mismo dato, crítica esta que actualiza la de Platón a la escritura: “monumento del saber”, más que saber propio.

Todos los grandes temas de la filosofía práctica, y sus mejores mentores, incluido Lao Tsé, desfilan por el libro en estas amenas y nutritivas píldoras de sabiduría cosmopolita, tan recomendables para una formación libre del espíritu libre, que no desdeña las humanidades, porque “si disminuye entre los ciudadanos el interés por cuestionar, lo sustituyen intereses cuestionables” y porque “sólo nos protegemos si nos entretejemos”. Ese "entretejerse" ampara y contiene el hacer nuestras todas las edades gracias a la lectura de los clásicos. Como se está viendo.

La edición, impecable.

Etiquetas: ,

08/05/2020 19:44 José Biedma López Enlace permanente. Filosofía general No hay comentarios. Comentar.

DONCEL DE REMEDIOS

20200518180442-varo-1961.jpg

Inventa J. J. Arreola un san Jorge con hábitos de vampiro que acude en auxilio de la doncella inexperta a punto de caer motu proprio en las fauces de un tipo con facha de dragón, lengua florida y chaleco de fantasía.

No se alarme. Respire. El doncel de Arreola arrastra a la bella indecisa lejos de los encantos del dragón, hay que suponer que atrayéndola por gracias y propias y flecos angelicales, entre las cuales se halla un espejo en el bajo vientre en el que la princesa podrá mirarse apropiadamente, siempre que quiera.

Así que el doncel de Arreola la protege en el amplio y aristocrático nido de murciélagos donde, sin más escrúpulo que el de no consumirla, satisface sus apetitos sobrenaturales sorbiendo los rojos fluidos de la joven, salvo los días de ayuno y abstinencia.

Y dice Arreola que cuentan las malas lenguas que el hijodalgo que chupa la sangre de la doncella (falena que escapó por los pelos de abrasarse en el fanal de la noche cavernosa) se escapó de un cuadro de Remedios Varo (1908-1963), imprescindible pintora surreal.

Y yo creo que es cierto. Es este el Doncel de Remedios.

(Ilustración, Personaje 1961, Remedios Varo)

Etiquetas: , ,

18/05/2020 18:07 José Biedma López Enlace permanente. Pintura No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris